Critica. Following. Primer film de Christopher Nolan

 

Por Javier Califano.

Las húmedas calles londinenses extienden velos de espesa neblina durante el día, presentándose como un escenario acorde para que un joven, ligeramente perturbado, de lugar a su inocente juego por toda la ciudad.
Propuesto como algo inquietante y molesto, el gran ritual diario de este personaje, que al no reconocer su patológica conducta, se auto proclama como Escrito,  exige de la presencia de un transeúnte que deambule por las calles en horas de la mañana.

Sin que alguien se percate de su presencia, el juego inicia cuando el personaje comience a seguir a los transeúntes a lo largo de toda una jornada, de modo más que discreto. Un extraño, un  entrometido,  casi un testigo presencial de la vida de otros, observando todos sus usos y costumbres, sólo por el lapso de algunos días. Encontraremos a este vigilante y sigiloso sujeto, detrás de todo y a su vez  perdido entre las multitudes, sin intención de acoso alguno hacia terceros.


El protagonista del film se sirve narrador  de los acontecimientos que se dan lugar en estas primeras instancias, imprimiéndole al relato un toque de film noir (cine negro).
“Following” marcó el debut como director y guionista de Christopher Nolan (Memento; Noches blancas; “Batman begins), quien ciertamente desde su ópera prima se encuentra muy a gusto trabajando con personajes que son víctimas de alguna patología o desorden psicológico. Son estos los objetos de estudio de la particular e interesante visión de un  realizador que somete a sus personajes a una desesperada búsqueda del razonamiento para comprender los hechos en los que se verán involucrados.

Los personajes de Nolan -desde su primera cinta “Following”- resultan ser sujetos que se inducen a descubrir las verdades de la razón, algo que les provocará dolor, ya que se encuentran sumergidos en una permanente distorsión de lo real.
La verdad y lo real,  puede empujar a estos personajes a condenarse a sí mismos. La compleja visión del universo de este primer film de Nolan se pasea de un modo agradable entre una composición netamente clásica pero extendiendo sus virtudes hacia composiciones propias de obras de la “Nouvelle Vague”, lo que remiten directamente a los primeros Chabrol, Goddard o Truffau.

Pero la virtud de Nolan se encuentra en la descomposición del tiempo del relato, en lo anacrónico del mismo. Remitiéndose en la obra a dos instancias en el relato, una pretérita abordada por cronológicos y acompasados flashbacks, y una instancia presente y lineal que induce al desenlace. Ambas líneas se muestran como unidades de tiempo circunstanciales, pero concisas y sustentables, alternándose la una a la otra a lo largo del film, obteniendo una obra que distorsiona las líneas temporales para presentar un relato que no omite ningún cabo suelto.

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