Critica. Sunshine, alerta solar.

Dirección: Danny Boyle.

Guión: Alex Garland.

Int: Rose Byrne, Chris Evans, Cillian Murphy, Michelle Yeoh. 

Por Javier Califano.  

Sunshine, ilustra  una fabulosa y a la vez humilde lección cinematográfica: El noble  ejercicio de la memoria, es allí  donde Danny Boyle  apela a su cinefilia para  demostrar su reconocimiento a films  marcados a fuego con el sello de cine de autor, un cine que en muchas ocasiones resulta  injustamente tratados por su contexto y por la critica.

El polémico realizador Británico enfatiza las características  íntimas  de obras que trascienden al genero de la ciencia ficción, acariciando conjeturas filosóficas existencialistas y metafísicas, como es el caso de   Solaris (Tatvkosky)  y  Misión a Marte (Brian De Palma).   

¡Vaya que simetría y concordancia¡ Sunshine  también habrá de sustentarse  por una lograda  atmósfera  infausta y claustrofobia que desarrolla   la  intensidad y progresión dramática del film  con el fervor de un inteligente thriller, constituido por grandes clásicos del género de la ciencia ficción como – 2001: odisea del espacio, obra maestra de Stanley Kubrick y el no menos importante:  Alien de Ridley Scott.

La peculiaridad de la obra de Boyle destaca que  el terror no esta asociado a  la oscuridad o  a las fauces de una bestia espacial, o a una inteligencia artificial,   sino a la luz, manifestado como un  blanco enceguecedor, algo nunca visto en el cine. 

En el año 2057 el Sol se está apagando, el planeta tierra afronta las pavorosas consecuencias que ello puede tener para la vida; por lo que la extinción de la raza humana se encuentra muy cerca. La última esperanza del planeta  reside en  una misión espacial: Icarus II que pretende detonar una poderosísima bomba nuclear en el núcleo del sistema solar, para reactivarlo.  

La tripulación del Icarus II — jóvenes científicos, y militares fastidiados e irascibles, llevan  dieciséis meses de misión, que resulte en una  claustrofóbica vida dentro de una nave espacial donde la soledad y la locura traen a consecuencia  peligrosas  señales que confunden  desvaríos con  epifanías—filosóficos, psicológicos, religiosos—   Son estas las características que se imprimen como  la rubrica del binomio: Danny Boyle y su libretista habitual Alex Garland, especialistas en manejar  grupos de personajes quebrantados psicológicamente que plantean la oposición entre ciencia y religión, interactuando en contextos hostiles, donde dilemas existenciales alimentan este impresionante relato futurista. 

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