Critica. CREPÚSCULO. MIRAME… NO ME TOQUES.

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Dirección: Catherine Hardwicke

Intérpretes: Robert Pattinson, Kristen Stewart.

Por Javier Califano.

Olviden todos los tópicos populares sabidos acerca de los Vampiros, aquí tienen lugar adolescentes eternos, más próximos a una  banda Emo -venida a menos- estereotipada en un programa juvenil de Cris Morena, que a la magistral creación de Bram Stoker… Estos chicos salen de día, van a la secundaria, menos cuando hay sol radiante, no porque los rayos UV los  convierta  en polvo sino porque su piel brilla con la intensidad de un diamante…

El film “Crepúsculo” inunda  las salas de cine con adolescentes devenidas en histéricas fans,  que suspiran cada vez que irrumpe en pantalla el pulcro vampiro Edward -aún cuando las  exclamaciones de admiración se confundan, en la oscuridad de la sala de cine, con una precoz forma de jadeo, que no dificultan en absoluto el entendimiento del pobre argumento del film-.

Pero algunos de nosotros buscamos teorizar en el porqué de este fenómeno “Editorial”, que conserva en su adaptación cinematográfica toda la carga ideológica en  favor del autocontrol de las pulsiones (hormonales) adolescentes, que deliberadamente incluyó su autora, Stephenie Meyer, profesa seguidora de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormones).

La autora pretende acercarse al relato romántico, con la inclusión de forzados panfletos a favor de la “ley de castidad”, impuesta por los seguidores de la institución eclesiástica a la que representa, defendiendo, así, la castidad y pureza con respecto a los cuerpos y apetitos carnales de los adolescentes.

Esta historia es acerca de la relación amorosa entre Bella (Kristen Stewart), una humana, y Edward (Robert Pattinson), un vampiro, que contarán con la fuerza de su amor para abstenerse de mantener relaciones sexuales hasta el momento de consumar el matrimonio. … y, más adelante, -en la progresión literaria- se incluirá un explícito manifiesto en contra del aborto, catalogándolo como “una maldad en estado puro ” que inevitablemente provoca remordimiento y pesar… Todo dicho.

Cuando Bella se mude a Forks, con su padre, luego de  que su mamá se vuelve a casar, su vida da un giro inesperado y aterrador una vez que se encuentra con el misterioso y seductor Edward Cullen, un vampiro que intenta vivir una vida más o menos normal, pero que está negado a su condición de cazador de humanos, prefiriendo “contenerse” y ser una suerte de vampiro “descremado”  tomando la sangre de los animales del bosque.

El estigma femenino.

En tanta trivialidad incluida en el relato -tanto literario como cinematográfico- persiste una idea poderosa…. que resulta alarmante para todo hombre, más aún cuando se oculta bajo el espeso tamizado de  fábula de buenas costumbres,  a la que hoy son adeptas las  precoces féminas.

Cuando Edward y Bella están juntos, el pulso de ambos se acelera de sobremanera, desean entregarse, pero se contienen. En la figura de Bella se representa el ejemplo de Palas, la diosa eternamente virgen, quien resulta el irresistible objeto de deseo del Hombre…en este caso, el vampiro Edward, quien a pesar de debilitarse (metafóricamente, la feminidad es todo aquello que contiene, que recoge y que conserva, mientras que la masculinidad es lo que penetra) evita consumar  el surgimiento del poder amatorio, el verdadero Eros de la pareja.

Bella seduce con su juego virginal, es amiga de Edward, lo toca, lo roza, se acerca  y se aleja. En su deseo de ser amada, ella lo enaltece como hombre, y no así en su facultad de ser extraordinario…  De esta manera, vemos a Bella como regente de la genitalidad femenina dominante y a la vez devoradora de la energía masculina, insinuando la paradójica imagen de la mujer diabólica y angelical, al mismo tiempo. La mujer es, una vez más, la Eva tentadora…

Este film  permitirá esbozar una  ingenua y honesta historia de amor… casta y formal, donde el sentimiento  de los embelesados amantes se confirma  con el único beso del film, distante -sin lengua- y desprovisto de toda connotación erótica. Por lo tanto, la aventura romántica propuesta se reduce a los destellos de un enamoramiento aplacado, sin deseo y atracción….Y esto va para largo.

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