Critica. 127 Horas

Dirección: Danny Boyle.

Interpretes: James Franco, Amber Tamblyn, Kate Mara.

Por Javier Califano.

Para aquellos que han escuchado la verdadera historia de los cinco días en los que Aaron Ralston pasó con su brazo atrapado bajo una roca, en un cañón de  Utah. Ver 127 horas, será un poco como ver Titanic. Asi es  porque el devenir del film de Danny Boyle te cautiva, pero estas esperando ese momento en donde aparezca el iceberg y desate la catástrofe… En este caso, Que Aaron  se caiga por la grieta y se cercene  el brazo para poder salir.

Describir como una “Prueba de vida” lo que le sucedió a  Aaron Ralston, es poco…Sin embargo, aunque la historia real es alucinante, Danny Boyle se las arregla para realizar un film de ribetes surrealistas en un espacio limitado –como les quedo el ojo, Reynolds y los encargados de Buried-. Muchos podrán preguntarse  ¿Como se hace una película sobre un hombre con el brazo atrapado bajo una roca durante cinco días?  La respuesta ideal: Con James Franco y Danny Boyle. Quienes lograron algo muy especial, al desarrollar una sinergia e intimidad  muy  particular entre director y actor -que de modo alucinante se traslada a la pantalla- para describir lo que paso por  la cabeza de un hombre intenta no darse por vencido y le da la espalda a la muerte.

La película inicia  de un modo vibrante, dinámico y  con un festival de colores que estallan ante nuestros ojos, las imágenes son conjugadas con  un montaje  ritmico, acorde a la vida del siglo XXI. La movida urbana, el caos y las hordas de personas que se desplazan al unísono en las grandes capitales… Esa no es una vida que Aaron desee pero la acepta, nuestro héroe opta por tomar sus cosas e irse a la Naturaleza  un viernes por la noche.

Aaron es claramente un hombre de acción, un adicto a la adrenalina, a lo largo del film se encuentra con varios personajes, en especial con dos jóvenes, que literalmente no pueden seguirle el intenso ritmo de vida a un sujeto que quiere ser libre, corriendo  riesgos y emprendiendo aventuras. Aaron deja atrás a las chicas tan rápido como se las había encontrado y continúa en su frenética  carrera por los cañones. Es ahí mismo que bajando por el Blue John Cañón, una piedra se desprende del angosto pasadizo, cayendo  sobre el brazo de Aaron y dando comenzando su agonía y su brazo derecho aplastado.

Desde ahora Boyle da rienda libre a todo su ingenio para  narrar la proeza de  Aaron atrapado en una grieta en medio de la nada.

La salida habitual por estos tiempos en el cine contemporaneo, es hacer uso de la cámara de video para testimoniar todos sucesos trágicos que le ocurran a un personajes (como si el video fuese sinonimo de intimidad), una plataforma narrativa ya saturada en los biopic contemporáneos, por la falta de ingenio y capacidad.

Sucedida la tragedia del film, Boyle, se toma un momento para retratar el pánico inicial de Aaron por  mover la roca, dandole intensidad dramática y pura  documentando la situación.

James Franco apela a toda su fibra actoral y su carisma  otorgando toques de entretenimiento que hacen disminuir el impacto de lo terrible que está sucediendo. Si bien tienen un espacio físico limitado para desarrollar la acción, Franco y Boyle, hábilmente trabajan el sentido de la oportunidad, con un énfasis dramático muy particular para cada plano, recordando así lo aislado de la situación de personaje, cuando se lo muestra de forma cenital en notoria referencia al desamparo del personaje…Donde James Franco, hace una sorprendente transición a las profundidades de la desesperación del personaje, que habra de luchar por mantener la cordura frente a las alucinaciones que liberan un espacio por demás surrealista para el desarrollo del film.

127 horas es la paradoja misma de un hombre que vive imponiéndose y desafiando los límites de su velocidad personal, casi como un juego de niños. Pero ahora, simplemente al no poder liberar a su brazo, el ritmo frenético de su vida, se ha detenido simplemente por un pedazo de roca.

El film de Boyle es la euforia misma de la llama de vida  de un hombre que no puede ser detenido por la adversidad, cueste lo que (le) cueste… Sostenido por una interpretación intensa y visceral de James  Franco, paseándose por los matices  graciosos, angustiantes y sombríos de un personaje aprovechado al máximo. El punto más destacado de un joven actor con mucho para ofrecer.

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